07 septiembre 2006

Lo “retro” en el automóvil actual: 4.- Dioses caídos

Los remake de los coches míticos del pasado, como, por otra parte, los remake de casi cualquier otra cosa relacionada con la cultura y la creatividad, rara vez se convierten en mitos en el futuro. El banderín de enganche de estos productos es, sin duda, la recreación estética de otro producto anterior con hondo calado en el imaginario colectivo de la sociedad, pero aportando además rasgos de modernidad que, no sólo lo distingan del original sino que además actualicen su aspecto. En ese sentido, todos los mencionados alcanzan un notable en cuanto al diseño estético del exterior, y quizá el Mini se coloca un paso por delante al recrear con precisión una carrocería antigua en las nuevas y modernas formas del actual, manteniendo las proporciones del mismo.

Ahora bien, ¿Qué sucede si la virtud de aquel coche original que se pretende recrear no estaba exactamente en su estética? Esta es una de las primeras cuestiones que hacen a estas recreaciones partir en desventaja. La realidad es, por muy bien hecho que esté uno de estos coches a imagen de aquellos mitos, puede suceder que en primera instancia, y a veces durante toda la vida comercial del vehículo, todo el mundo vea en el remake al original. Lo cual es probablemente lo buscado por la marca: mucha gente nunca podrá tener un Ford Mustang Fastback del 65 en perfecto estado y que le permita ir a trabajar a diario, pero si que podrá tener un nuevo Mustang, mucho más cómodo y económico que el original, con una estética casi igual, y que (dicho sea de paso) hace ganar dinero a Ford, a diferencia de si compran un clásico. Así que el objetivo del comprador es tener lo más parecido posible a un mito original, pero pasando intelectualmente por encima del medio que se lo permite, que es la recreación. Por otra parte, quizá mucha gente es entusiasta de las formas del Escarabajo, o del pequeño Mini, pero muy poca gente está dispuesta a asumir las incomodidades de un coche diseñado hace sesenta y cinco años, ruidoso, lento, con gran consumo, con pocas piezas de recambio, etc, como coche de uso diario; y aún quienes sí estén dispuestos a tal sacrificio, no siempre podrán encontrar una unidad en un estado óptimo para tal uso. Pero si podrán tener, si pueden pagárselo, uno de los sucedáneos modernos. Dicho en lenguaje vulgar y ligero, como si uno, dado que nunca podrá ser el novio de Scarlett Johansson, intenta emparejarse solo con mujeres rubias y a ser posible con apellido nórdico, que es una forma de aproximarse.

No obstante es conveniente tener en cuenta que, a menudo, la sociedad que dio lugar a aquellos objetos (coches) ya no existe, o se ha transformado de tal manera que quizá aquellos valores que los objetos encerraban, han pasado de moda o, simplemente, no son tolerables por la sociedad actual. En este caso lo que se produce con las reinterpretaciones de los referentes del pasado es una reconversión, una nueva lectura, atribuyendo al objeto o a la estética en cuestión valores que sólo tienen validez desde el tiempo presente, y que en muchas ocasiones pueden no coincidir con las intenciones de los creadores en su tiempo original, hasta el punto de ir frontalmente en contra de ellas. Es el caso ya comentado del Renacimiento italiano, en el cual se atribuyen a los arquitectos romanos intenciones que, en la mayoría de los casos, nadie podía demostrar, pero que encajaban perfectamente en la visión que los italianos del siglo XV tenían de aquel periodo de la antigüedad. Así se justifica también la visión tenebrosa y oscura de la Edad Media promovida por los artistas del romanticismo del siglo XIX, (visión bajo cuya influencia aún vivimos) que les resulta de este modo especialmente fascinante, exótica y estimulante. Así que, al igual que probablemente, no existe más Historia que la Historia contemporánea, dado que toda historia se escribe desde el presente, probablemente las interpretaciones del pasado que hagamos son, en realidad, una manifestación cultural del presente, que se fija en aspectos determinados, concretos y casi exclusivos de un pasado, que probablemente cuando se revise desde una mayor distancia en el tiempo tendrá un aspecto bien distinto.

De esta manera, la estética “retro”, que es sin duda el principal argumento de ventas de estos vehículos, puede también atraer en el fondo la tentación de practicar un vaciado del contenido social o cultural original por el cual el coche en cuestión (o el referente cultural que prefiramos) ha alcanzado tal relevancia en la sociedad de su tiempo y del nuestro. Y eso es, de alguna manera, una traición al mito mismo, y de otro lado una revisión libre. Veamos algún caso.

Mucha gente dice gustar del Escarabajo, por sus simpáticas (¿?) formas, pero pocos han conducido uno. La virtud principal del Beetle jamás estuvo en la estética, al menos en la mente de su creador, sino en la funcionalidad. Un coche robusto, relativamente barato, espacioso en el interior, con un motor refrigerado por aire que no era sensible a las bajas temperaturas que se viven en Alemania, y cuya configuración motriz además (motor trasero tracción trasera) otorga más motricidad que la frecuente en la época (motor delantero tracción trasera, antes de la aparición de los Citröen 11 CV). Era un coche en el que cada forma estaba concebida para resolver de la mejor manera posible un problema técnico o dinámico, y nada quedaba a la galería. Pero en la conducción era un coche pesado, duro, lento y ruidoso, cualidades que, evidentemente, no transmite aparcado ante una terraza de un bar de Florencia. El New Beetle fue una concesión del grupo VW a la galería. Tras haber presentado un ejercicio de estilo en 1994, la buena respuesta del público ante la estética del coche les decidió a producirlo a partir de 1998. Sin embargo, en el nuevo VW no había concesiones que hacer a la funcionalidad, de manera que se partió de la plataforma de un Golf, y se creó un coche de motor delantero y tracción delantera, con la estética del antiguo Beetle. Aquí está el principal problema de este vehículo: traicionar desde el punto de partida el espíritu que animaba al original, y quedarse meramente en la estética, que en el Beetle (como en pocos coches queda tan claro) estaba totalmente supeditada a la función. El resultado fue un coche de motor delantero, bastante pesado, con un centro de gravedad más alto que el de un Golf, unas cotas de habitabilidad traseras inferiores, un maletero más pequeño, y además, dinámicamente peor que un Golf en todos los sentidos, por su caprichosa y pesada carrocería. Es decir, a cambio de la estética, se terminó en un coche que es menos funcional que cualquiera de sus compañeros de marca y que sus rivales en dimensiones, y que por tanto, y esto es lo peor, lejos de ser un coche funcional, “para el pueblo” se convirtió en un caro capricho de burgueses que rara vez se ha convertido en “coche para todo”. El New Beetle es un ejemplo perfecto de lo absurdo que puede ser una recreación doblada a la moda “retro”, si se queda uno únicamente en lo superficial.

El caso del Mini es casi el opuesto al del New Beetle. El Mini nunca fue exactamente el “coche del pueblo” aunque si un popular minicoche que no era difícil de ver por la calle en determinadas zonas, especialmente las ciudades. El nacimiento del coche había sido una clara propuesta alternativa al problema del tráfico en las ciudades que empezaba a preocupar, y quizá haya sido esa su mayor aportación a la sociedad y al mundo del automóvil. Pero ante una extraña postura de conducción y un aspecto de coche modesto, se encontraba una disposición motriz favorable y un peso contenido que hacía del Mini, cuyo bastidor era una auténtica maravilla, un matagigantes en carreteras reviradas. Una victoria “scracht” en el Rally de Montecarlo acrecentó la leyenda, y los Cooper 1275 se convirtieron en piezas buscadas, en este caso no por quienes buscaban aparcar fácilmente en el centro de su ciudad, sino por quienes buscaban quemar goma en carreteras de montaña. El New Mini, desde luego, no viene a resolver problemas de habitabilidad en las ciudades actuales. Desde el punto de vista proyectivo es un coche mucho más frívolo y terrenal, ya que las propuestas de nuevos “mini-coches” actuales van por otros caminos, como el controvertido Smart. Al igual que en el caso del New Beetle, el New Mini ha tenido una campaña de publicidad espléndidamente trabada, en la que no sólo se ha explotado la imagen del Mini Cooper original, sino que se ha tratado de asociar permanentemente “Mini” con “Diseño contemporáneo” e incluso con “vanguardia en el diseño”. Lo cual es un signo claro de la importante tendencia a lo “retro” en el diseño actual, pese a todo. Para ello se ha hecho asociar a empresas de diseño de muebles, moda, arquitectura, etc. Pero hay algo en lo que la recreación del Mini se desmarca de la del Beetle. En cierto modo, el nuevo Mini ha permanecido fiel a parte del espíritu del original, y no solo a su estética. Ya no es un mini-coche, aunque es un coche compacto. Ya no es austero, y tampoco es nada barato a la luz de las cualidades funcionales que ofrece y en comparación con la competencia. Pero ha mantenido un bastidor que es la referencia en la categoría, y que hace del nuevo Mini, también una máquina difícil de batir en zonas viradas, sea cual sea su rival. Especialmente en la versión Cooper S de 163 CV (qué lejos de los ochentaytantos de su antepasado...) el Mini es una nueva referencia convirtiéndose en poco tiempo en un coche admirado por sus cualidades dinámicas entre los de su categoría y varias categorías a la redonda.

De manera que, al parecer para que un producto moderno de estética “retro” tenga éxito, es oportuno que, además del mero aspecto exterior, encierre algunas de las cualidades que hicieron del original algo desmarcado del resto (durabilidad, economía, eficacia, funcionalidad...), y cuantas menos de aquellas cualidades tenga el remedo, mas vacío y menos sincero será. Sin embargo, la estética “retro” sigue siendo un argumento a veces tan poderoso, que muchos usuarios están dispuestos a pasar por encima de los inconvenientes con tal de poder poseer uno de estos artículos que, por otra parte, identifican tan claramente al dueño. Claro que esto, y aquí tendríamos para debatir mucho, probablemente dice mucho también de nuestro tiempo, atado a la apariencia externa por encima de todo, y también de lo poco valoradas que pueden llegar a ser, en un momento determinado, las cualidades no-estéticas de las cosas o las personas.

Por qué lo “retro”

Sin duda, existe una razón comercial última en la elección de la línea “retro” para la creación de una cierta imagen de marca entre los fabricantes de automóviles. Si en otro tiempo la innovación tecnológica fue un valor de distinción y exclusivo, hoy en día la tecnología satura hasta tal extremo nuestras vidas que nuestra capacidad de sorpresa ante los avances técnicos es cada vez menor. Así que hay que buscar otros argumentos como característica comercial principal de la marca en cuestión. Y ese argumento, en aquellos fabricantes que pueden presumir de ello, es esencialmente la veteranía, la longevidad y la experiencia. No es casual además que estos valores sean sinónimo de seguridad y de exclusividad en una sociedad tan acelerada como la nuestra, en la que todo se consume tan deprisa. Así, Mercedes, por ejemplo, explota cíclicamente su glorioso pasado en competición y su noble participación en el origen de este invento. “Antigüedad” es “exclusividad”, de alguna manera, y si bien no todo el mundo tiene un modelo tan exitoso en su catálogo de clásicos como para resucitarlo a día de hoy, como pueden tener Ford o VW, hasta las marcas más discretas se apresuran a retomar viejas denominaciones que indiquen abolengo, como el caso de Opel con el Aero GT. Esta legitimación en un pasado glorioso, y la equiparación de virtudes a los virtuosos de otro tiempo, es una característica de los mecenas y poderosos en los entornos artísticos de todos los tiempos. Permanente los reyes se hacen retratar como césares romanos, o junto a ellos (como Felipe II en el Palacio Zaporta de Zaragoza), para equipararse a los mitos del pasado y legitimarse así mismo como mitos del presente. Y periódicamente también aparecen entre las obras de arte encargadas por los poderosos, coronados o no, recreaciones de sucesos de la mitología griega y romana que, a sus ojos, tienen un especial significado en la legitimación de su linaje (Hércules patrón de los reyes españoles, los nobles haciéndose retratar como antiguos generales, o incluso dioses, romanos...) De manera que la legitimación en el pasado, característica entre poderosos y no tan poderosos en toda la historia de la humanidad, parece acentuarse y vestirse con estética del pasado en momentos de incertidumbre o de ausencia de referentes claros en el presente.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

YO TENGO UN NEW BEETLE 2006 TU COMETARIO HACERCA DE EL ME PARECE UNA BASURA, ES MANEJABLE YA SEA EN CARRETERA O EN CIUDAD, NO ES PARA BURGUESES,ES ACCESIBLE ECONOMICAMENTE Y PARA MI ES UN BUEN CARRO, LAS COSAS EVOLUCIONAN, CAMBIAN PARA MEJORAR Y NO IMPORTA NADA QUE EL MOTOR ESTE ADELANTE Y NO SEA PARA EL "PUEBLO" JAJAJAJA... TAL VEZ DEBERIAS TENER UNO PARA SABER DE QUE HABLAS...

Luis Miguel dijo...

Por ese mismo razonamiento, tú tendrías que probar todos los demás coches de la competencia antes de poder opinar también. Disfruta de tu coche y no te preocupes de lo que opinamos los demás.

Saludos

Luis Miguel

Camaro69 dijo...

Una cagada de auto tienes razon!!!
por ese dinero creo que se pueden comprar cosas mas poderosas....no esa bergamota que esteticamente ha mejorado mucho a su antecesor pero sigue siendo un huevo sin forma
saludos
camaro.-