09 noviembre 2009

20 años de la caída del Muro: Recuerdos en torno a un Trabant en grafiti


En noviembre de 1989, cuando cayó el Muro de Berlín, yo tenía 13 años y dibujaba coches en los márgenes del cuaderno del octavo curso de lo que un día se llamó EGB. Devoraba cada miércoles el ejemplar de "Autopista" que compraba en el quiosco de mi barrio con las propinas de mis padres, y defendía al agresivo y genial Ayrton Senna frente al frío y eficaz Alain Prost en las míticas luchas que libraban en la Fórmula 1. La sucesión de hechos que colectivamente llamamos "caída del muro", que se simbolizó en el hecho concreto de la apertura de una de las puertas de la frontera berlinesa el 9 de Noviembre de 1989, retumbaban en nuestras aturdidas cabezas de adolescentes (de los de entonces) con la certeza de que vivíamos un momento histórico, y la incertidumbre del por qué lo era.

De la RDA de Honecker y de la URSS de Gorbachov sabíamos no demasiado, pero nuestros padres y nuestros profesores estaban repletos de vivencias más o menos directas de una amenaza mundial que duraba décadas y que llamaron "Guerra Fría". Bahía de Cochinos, Kruschev o "Teléfono Rojo" eran términos familiares pero en cambio profundamente desconocidos en su significado último. La Unión Soviética, ese contrapoder que disputaba el medallero olímpico a los Estados Unidos, siempre que no hubiese boicot de uno u otro, se estremecía en estertores mortuorios desde que en 1985 el hombre de la mancha en la cabeza, Gorbachov, accediese al poder y comenzase a escribirse la historia del final del siglo XX.

Aún hoy lo recuerdo con una curiosa mezcla de nitidez e indefinición. Recuerdo cómo nuestro profesor, Don Paco, alentaba que debatiésemos de cuando en cuando en nuestra clase de "Sociales" acerca de lo que vivíamos, y recuerdo haber guardado docenas de periódicos en aquel momento con la consciencia de que vivía un momento trascendental. Pero de memoria no sé decir si la Perestroika fue antes que la caída del muro, en qué orden se produjeron las revoluciones que echaron del poder a Jaruzelski en Polonia y Ceaucescu en Rumanía, tan distintas entre sí, y con personajes que el tiempo cubrió de otra pátina, como Lech Walesa, cuando la palabra "Solidaridad" era el nombre de un sindicato.

La caída del Muro fue un hecho agridulce. Como el final pactado de una relación que se ha agotado. Algo que tenía que suceder, y que con ello ponía final a la tensión que ese final anunciado había generado. Pero aún hoy es imposible responder con un monosílabo a la pregunta de si el mundo es mejor hoy que entonces. Quizá fuimos inocentes pensando que detrás de la caída del muro venía la Arcadia Feliz. Pero tampoco estoy seguro de que pudiesemos imaginar que tras este proceso histórico, en el mundo no solo no desaparecería la miseria sino que se incrementaría, no sólo no camparían las libertades a sus anchas, sino que la falta de ellas se extendería por más países aún, y de una forma más sibilina y malvada. Pensábamos ya entonces que no era bueno que Estados Unidos se convirtiese en la única potencia de nivel mundial, aunque hasta hace muy poco no hemos entendido por qué. Poco después de la esperanzadora caída del muro, la revolución que depuso a Gorbachov y aupó a Yeltsin en la URSS, el estallido de la guerra en Yugoslavia y la Primera Guerra del Golfo, todo ello en 1991, nos enfrentaron a la cruel realidad de que en el fin del siglo XX, caído el Muro, la Utopía seguía igual o más lejos que antes.

Pero esta es una web que habla de coches. Y la caída del muro nos trajo un humilde protagonista que forma parte hoy de los libros de historia tanto como el soldado Schumann que Peter Leibing inmortalizó en su fotografía. La historia de la caída del muro es también la historia del último icono rodante del siglo XX histórico: el Trabant.

A finales de los ochenta, James Bond conducía un Renault 11 cortado por la mitad, enfrentándose a una malvada Grace Jones, que por aquel entonces ponía su impactante imagen en un asombroso anuncio del estilizado Citroën CX, y en el universo automovilístico del personaje de Ian Fleming, el deseo era un Renault 5 MaxiTurbo rojo conducido por otra de las bellezas femeninas. El superdeportivo del momento era un indomable Ferrari F40, pero el coche que recorría nuestros sueños era el Testarrossa con el que paseabamos a una rubia por todo Estados Unidos en el mítico videojuego "Out Run". Similar al otro Testarrossa, este de color blanco que, después de que unos narcotraficantes le volasen su hermoso 365 Daytona negro, se compró Sonny Crockett, que ahorraba para coches viviendo en un barco junto a un caimán. Habíamos visto cómo un científico loco había transformado un exclusivo DeLorean en una máquina del tiempo ("ya que vas a hacer una máquina del tiempo, ¿por qué no hacerlo con estilo?") pero no sabíamos en que coche iba a los entrenamientos Ivan Drago, poco antes de enfrentarse con el incombustible Rocky, y sólo tuvimos una pista cuando al detective Art Ridzik (James Belushi), le asignaron como compañero a Ivan Danko (Arnold Schwarzenegger), un gorila ruso sospechosamente parecido a un desasosegante robot, con el que tenía que investigar un caso a caballo de las dos grandes potencias.

Los años ochenta fueron el último coletazo de la edad de oro del automóvil en Europa, y la Guerra del Golfo tuvo en parte un efecto similar a de la crisis del petróleo de 1973, enfrentándonos de nuevo a una realidad en la que los coches y la dependencia del combustible planteaban más problemas de los que resolvían. A mediados de los ochenta hablar de ciudades colapsadas por el tráfico era algo exótico, y la revolución del diesel que ya se vislumbraba parecía tener la respuesta a muchas de las preguntas acerca de la locomoción que se planteaban en el momento. Desde el punto de vista automovilístico, una década hedonista, en la que nacieron mitos actuales como el BMW M3 o el Lancia Delta Integrale, y donde la fugaz y absurda pero maravillosa existencia de los coches de Grupo B de Rallyes fue un perfecto símbolo de todo lo que sucedía.

Pero hubo algo en la caída del muro que hizo converger al mundo del automóvil con la historia, una vez más. Aquel proceso estuvo tan repleto de imágenes y símbolos que hoy, 20 años después, los editores de los documentales de conmemoración lo tendrán difícil para escoger los materiales. Entre todos ellos, la imagen de un coche adquirió un protagonismo inesperado, cuando se levantó el telón de acero y pudimos ver lo que sucedía al otro lado. Un coche humilde con carrocería de polyester al que los habitantes de la RDA tenían como símbolo a su vez: el Trabant.

Conocía el Trabant desde hacía tiempo, desde que en torno a 1982 mi padre trajese a casa un imponente catálogo de todos los coches del mundo editado por la revista Velocidad. Poco después llegaría el primer "Auto Catálogo" de Autopista, y en su interior páginas que serían vistas una y otra vez: la del Vector Twin Turbo, las de los Porsche 911 y DeTomaso Pantera, las de los Ferrari... y poco a poco fue surgiendo un coche modesto, con aspecto de Mini y tamaño menor que el de un Seat 124... que costaba menos incluso que un Seat Panda, aunque yo entonces no sabía que no se podía comprar uno desde España como se compraba un Panda. Tenía entonces 13 años. ¿Podría un día con 18 sacarme el carnet y comprarme mi propio Trabant, baratisimo, para recorrer las carreteras que el mundo tenía para ofrecerme?

El Trabant, por algún tiempo, fue una auténtica reencarnación del Volkswagen. Un "coche del pueblo", solo que a la inversa. Pero no demostraba que un mundo distinto era posible, como en las campañas de DDB de los años 50 para VW, ni se convirtió en icono de la paz, como a finales de los 60 hizo con el Escarabajo el movimiento hippie. El "Trabi" era el símbolo de hasta que extremo la paranoia del bloque comunista había extorsionado y empobrecido a sus países, que lo más que podían dar era este modesto coche, cuando en la Alemania de enfrente Mercedes y BMW pugnaban por la supremacía europea con la sombra de Audi creciendo cada vez más. Y hasta tal punto la historia es caprichosa, que el Trabant fue producido en la factoria que un día perteneció a Horch, y luego Auto - Unión y más tarde Audi, en Zwickau. Es decir, del mismo lugar de donde salieron algunas de las más maravillosas máquinas de la marca Horch, salió décadas más tarde, en la Alemania Oriental, el modesto y homogeneizante Trabant. Simplemente, al contrario que para el VW, para el "Trabi" no hubo una segunda oportunidad.



Posiblemente una de las imágenes más simbólicas de la caída del muro, es precisamente una imagen de un Trabant. Pero no la de los ciudadanos de Berlín Oriental cruzando la puerta a bordo de sus precarios coches, sino un gran grafiti. En lo que hoy es conocido como "East Side Gallery", una parte del Muro en Berlín justo junto al puente Oberbaum (el de los intercambios de espías), una artista alemana, Birgit Kinder, retrató al Trabi para la inmortalidad en uno de los grafitis que adornaban el Muro en su lado occidental. El mural representaba a un Trabi rompiendo el Muro de Berlín tirando por tierra la inútil barrera, e invadiendo el brillante y ansiado lado occidental. Quizá mucho más conocido que el oportuno y oportunista anuncio de Agustín Medina para Suzuki en el que, pocos meses más tarde,un Vitara rompía las barreras derribando el Muro con su irrupción en el mercado, en un spot cuyas connotaciones lo harían quizá imposible hoy en día.



Lo cierto es que la caída del muro fue más bien una implosión, un colapso por la presión en el que, después de la inicial e irrenunciable alegría sincera del primer momento, el muro terminó cayendo sobre los Trabant, Alemania Oriental y sus habitantes, y no al revés. La depresión social y económica de la República paradójicamente llamada "Democrática" era tan fuerte que todavía hoy el su economía arrastra un retraso estructural en cuanto a crecimiento, Renta Per Capita y desempleo.

Pero ¿que suerte corrió el Trabant en las verdes y fértiles estepas de occidente? Como dijo el emperador romano Vespasiano a su hijo Tito justo antes de morir ("Querido, creo que estoy a punto de convertirme en dios"), el Trabant llegó justo a tiempo de asistir a la propia muerte del automóvil para dejar paso al mito. No hay hoy en día reportaje alguno de la caída del muro que no lo rememore, que no saque una imágen del mismo, preferiblemente el grafiti de Kinder. Y no es casual que se escoja esta imágen, porque en los años que han pasado, aparte de la interesante carrera de Birgit Kinder como muralista con hermosas y originales piezas, el mar de fondo de la historia ha dejado sus huellas en el mural, que ha precisado ser restaurado en diversas ocasiones, como se puede ver en esta foto. El proceso de la creación del mural, y la evolución de su estado en este tiempo está muy bien documentado en la web de la propia artista, y puede verse en esta serie de imágenes. Diez años más tarde, Kinder volvió a pintar, en esta ocasión en un muro en Postdamer Platz, a un Trabant rompiendo la pared y visto desde atrás, como queriendo cerrar el círculo, y reflexionando sobre la unión real de las dos alemanias, tras la simbólica caída del muro.

Recientemente, en este mismo año, un fabricante alemán ha lanzado un prototipo de nuevo Trabant totalmente eléctrico, como propuesta para reflotar al mito, como ya sucedió con el Mini y con el propio VW. Quizá como parte de una cierta nostalgia estructural en los habitantes del bloque soviético, el nuevo Trabant se presenta en un momento de encrucijada con el cartel de ofrecer una interesante alternativa como "coche del pueblo". Lo malo es que el mundo ha cambiado lo suficiente como para que sepamos que hoy en día el mundo tiene ya demasiados "coches del pueblo", incluído el Tata Nano, y que el problema no es precisamente la motorización, sino como evitar que una motorización desproporcionada en el mundo, en cuanto se incorporen miles de millones de nuevos coches en India y China (con sus respectivos "coches del pueblo"), colapse nuestro planeta.

El Trabant vuelve a llegar en el momento justo para la gloria, justo antes de otro desastre.

Han pasado veinte años y, haciendo memoria, creo que nunca vi un Trabant rodando. Creo recordar haberme quedado parado con gesto confundido y sonrisa melancólica delante de alguno expuesto en algún Salón de Barcelona. Y hoy aquellas revistas, viejas y desgastadas pero guardadas con cariño, esconden más nostalgia que sueños.

Nunca tuve demasiada habilidad para la historia contemporánea. No como mi compañero Angel, de cabeza caótica y a la vez privilegiada, y que no pudo terminar su carrera de Historia. Pero en aquel momento, hace veinte años, con Don Paco, con Diego ó José Manuel, y sobre todo con Cristina, pudimos ver que vivíamos algo histórico, aunque no sabíamos muy bien por qué.

Quizá incluso soñamos con, algún día, cruzar los dos juntos Europa a bordo de un Trabant, para visitar un muro convertido en galería de arte.


* Página web de Birgit Kinder, autora del grafiti del Trabant en el Muro: http://www.birgitkinder.de/

** Serie de imágenes sobre la creación y evolución del mural del "Trabi": http://www.birgitkinder.de/Album_ESG/index.htm

18 octubre 2009

Viaje, carretera y paisaje, de Steinbeck a Kerouac. Fotógrafos americanos del siglo XX



El siglo XX, "el gran siglo", es, desde nuestra perspectiva, un siglo tanto vivido como imaginado. Vivido, porque la intensidad y velocidad de los sucesos históricos y sociales ha sido tal que una persona nacida en cualquier década del mismo, ha tenido la oportunidad, o la desgracia, de vivir hechos trascendentales para nuestra historia. E imaginado, porque el desarrollo de la cultura, popular y elitista, a través del arte, la literatura o el cine, nos ha permitido, además, vivir de otra manera aquellos acontecimientos en los que no participamos, para hacerlos nuestros y, de algún modo, permitirnos vivir el siglo XX como un presente eterno.

Si hay un periodo de la historia del siglo XX que ha sufrido este proceso de exportación reinventada a casi cada lugar del mundo, es el que va desde mediados de la década de los 20 hasta el final de la década de los sesenta, pero especialmente, hasta la muerte de Kennedy y los sucesos que cambiaron profundamente la sociedad americana y mundial. El cine, con la época dorada del cine negro, la música, con el auge del Blues y el Soul, pero sobre todo el Rock and Roll, y la literatura, con obras claves en la literatura americana y mundial desde Steinbeck a Kerouac, contribuyeron a que, lo que sucedió en aquellas décadas en ese "país - continente" nos sea conocido casi como si hubiese sido el nuestro (y a veces incluso mas).

Pero probablemente esa gran redifusión masiva de la cultura y la iconografía americana, y de sus avatares, tiene como origen iconográfico a la fotografía. Y, aunque durante este periodo hubo muchos y señalados fotógrafos, este periodo se puede trazar a partir de la obra de tres fotógrafos testigos y narradores de este periodo: Dorothea Lange, Walker Evans, y Robert Frank. La actual revisión, en forma de exposición temporal, del monumental trabajo del suizo Robert Frank, "The Americans", en el Metropolitan Museum, me parece una excelente excusa para revisar el imponente corpus iconográfico que, desde finales de los años 20, hasta mediados de los 50, construyeron fotógrafos como éstos, y otros que quedan para futuros artículos. Como poniendo imágenes a esa misma crónica de la sociedad estadounidense contemporánea que se traza en una línea directa que va desde el viaje de los desplazados narrado por Steinbeck en "Las uvas de la ira", hasta el viaje de la vida y la búsqueda de las emociones que cuenta Kerouac en "En el camino".

Dorothea Lange (1895 - 1965)

Dorothea Lange, es una de las fotógrafas más importantes y conocidas del siglo XX. La fotógrafa que trabajó con Steinbeck para "The San Francisco News" en sus reportajes "Los vagabundos de la Cosecha", en 1936, obra que sirvió al escritor como inspiración para su monumental "Las uvas de la ira". Su serie de fotografías a una demacrada mujer que emigraba desde el polvoriento medio-oeste americano hacia la presunta tierra prometida del sureste la célebre "Migrant Mother", con toda su polémica alrededor, se convirtió en la imagen predilecta de la "Gran Depresión", y todavía en nuestros días es una imagen recurrente de un periodo de escasez y desarraigo. Sus imágenes, en parte integradas en un proyecto del gobierno estadounidense para poner de relieve la tragedia de los desplazados del medio rural y dotar de dignidad a su situación, se convirtieron rápidamente en iconos de una parte de Estados Unidos que contrastaba radicalmente con el esplendor irreal de las grandes metrópolis o con la inalcanzable potencia industrial del noroeste y su Detroit, capital industrial del mundo... y origen de más de la mitad de los automóviles que lo recorrían.

En las obras de Lange, aparecen siempre en segundo plano, a veces como escenario y otras como actores secundarios, todos esos coches destartalados que los campesinos del medio oeste malcompraban para desplazarse a la "tierra prometida" californiana. Esos que Steinbeck retrataba de forma sórdida y hasta siniestra en el capítulo séptimo de "Las uvas de la ira". En las fotos de Lange, como en la obra de Steinbeck, el viaje es más una especie de maldición bíblica para los que deben abandonar sus tierras, cientos de familias Joad destinados a perder sus raíces en busca de un paraíso en la mayoría de los casos inexistente. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos tiene una gran cantidad de fondos fotográficos sobre la fotógrafa americana, aunque recientemente, en Photoespaña, se ha podido ver una exposición sobre su trabajo durante la Gran Depresión titulada "Los Años Difíciles", que en la actualidad está expuesta en el Monasterio de Veruela, en Zaragoza, hasta el 1 de noviembre.

Parte del trabajo de Lange estaba englobado dentro de un programa del gobierno americano destinado a dignificar la figura de los emigrantes interiores de los campos del medio - oeste, y sobre todo a dar a conocer al resto de la nación, focalizada en Michigan y las costas y su opulento desarrollo, el problema humano que se daba en el medio rural. Viendo hoy las fotografías, se aprecia mucho más de documentación desalentadora que de dignificación, pero lo cierto es que en torno a la obra de Lange hay una permanente sombra de polémica acerca de la "autenticidad" de sus imágenes, especialmente de la propia "Migrant Mother". Sin embargo, desde el punto de vista de la iconografía del viaje, y de lo que significa en un país motorizado como el Estados Unidos de antes de la Segunda Guerra Mundial, quizá no haya una foto más imponente e influyente que la agónica carretera retratada en 1938 "The Road West". Una impactante fotografía sobre la que Robert Frank volvería casi veinte años más tarde.


El caso de Walker Evans es distinto al de Dorothea Lange, en lo que toca a la sintaxis visual del mito del viaje en la sociedad americana de la "pre" y "post" Segunda Guerra Mundial. Pese a que fotografió durante la misma aciaga década de los años 30, aunque en este caso con una obra en la que Nueva York tiene un gran protagonismo, Evans juega aquí el papel de enlace entre dos generaciones de fotógrafos, pero sobre todo no tanto por la edad como por el mundo que han de retratar. Walker Evans es uno de los primeros grandes "capturadores de imágenes", que consiguen crear obras de arte desde escenas absolutamente cotidianas y humildes. Un francotirador que a base de escenas capturadas en el momento exacto, o de ver imágenes donde nadie las veía antes, consiguió dar una vuelta de tuerca relevante al lenguaje fotográfico del momento.

Si bien en Evans el automóvil no forma parte esencial de su lenguaje ni de su universo, la nueva forma de entender la fotografía serviría a su discípulo aventajado, Robert Frank, para componer su titánica obra "The americans". No obstante, tengo predilección por una fotografía de Evans, de las muchas conservadas en su archivo propieda del Metropolitan Museum. Una interminable fila de coches aparcados en la calle principal de Saratoga Springs, Nueva York, en un lluvioso día. Una sucesión de impecable coches oscuros como esperando a encontrar dueño. El año, 1931. El perfecto contrapunto para una realidad que poco más tarde retrataría Lange en el otro extremo del país, con los polvorientos coches de los emigrantes. Contrapunto o paradoja, la foto de Evans es una de las imprescindibles del siglo XX.


Recientemente, la Fundación Mapfre organizó en Madrid una exposición antológica sobre Walker Evans, que pudo verse entre enero y marzo de este año, pero no son extrañas las exposiciones que rescatan la obra de este fotógrafo inevitable. El Metropolitan Museum, propietario de un enorme fondo procedente de su archivo personal, le dedicó una exposición antológica en 2000.


Robert Frank, nacido en Zurich pero emigrado a Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, fue un discípulo aventajado de Walker Evans, gracias al cual obtuvo en 1955 una beca Guggenheim para hacer un trabajo fotográfico que retratase a la sociedad americana del momento. Frank, un inmigrante judío, viajó alrededor de Estados Unidos, en ocasiones con su propia familia, realizando un retrato, que en ocasiones resulta descarnado y duro, de este país de acogida que, por aquel tiempo, ya ejercía como imperio político y cultural en el resto del mundo. El despegue económico y social del "baby-boom"posterior a la guerra, el nacimiento de la clase media, y esos años '50 en los que el progreso y bienestar parecían no tener límites, son examinados al detalle y de manera crítica y sin tapujos por parte de este fotógrafo. Pero sobre todo la relevancia de su trabajo es ser contemporáneo de la revolución "beat", y poner de algún modo imágenes a esa otra versión del mito americano del viaje, tan diferente de la que retrató Lange, que consagró Jack Kerouac en su novela "On the road", relatando sus viajes con Allen Ginsberg. Las fotos de Frank tienen la chispa espontánea y a veces furtiva del objetivo de Evans, pero en ocasiones la solemne capacidad documental de las de Lange. La furtiva fotografía de la muchacha ascensorista de Miami, parece evocar a las absortas imágenes del metro de Walker Evans, mientras que la conocida fotografía de la propia esposa e hijos del fotógrafo dormitando acurrucados en el interior de su coche al borde de una carretera de Texas, es una perfecta imágen para la actualización iconográfica del tema del viaje en la fotografía americana.

Cuando Frank publicó su libro, en 1959, fue duramente criticado por reflejar una imagen excesivamente dura y pesimista de la sociedad americana. Pero el prólogo se encontraba escrito por Jack Kerouac, a quien Frank se había presentado para proponérselo. Kerouac le presentó tambien Allen Ginsberg, su compañero de aventuras. La obra de Frank no sólo ha resistido el tiempo de forma admirable, sino que, pasadas las críticas iniciales, es hoy en día no sólo un clásico de la fotografía de todos los tiempos, sino también un retrato magnífico de una sociedad americana de mediados de los años 50 que se debatía entre la construcción mítica del "sueño americano", y las vidas vacías de muchos de sus ciudadanos, envueltos en una dinámica social vacía y mecanizada. Y al tiempo, el retrato de un viaje que, si bien no es estrictamente una versión fotográfica del de Kerouac y Ginsberg, si que es un escenario magnífico para esta pequeña revolución cultural "beatnik", que fue el primer y tímido movimiento de todo lo que sucedería en la segunda mitad de la década de los sesenta en la rígida y orgullosa sociedad americana.

Pero en la obra de Frank, hay una fotografía impactante que, de algún modo, cierra el círculo con la Gran Depresión y las obras de Lange y Steinbeck. Una ardiente e interminable recta de una carretera perdida en Nuevo México, por la que un único coche transita en todo lo que alcanza la vista. Una recta interminable que inevitablemente remite a la recta que en la foto de Dorothea Lange dirigía al oeste. Un símbolo idéntico, para una nueva sintaxis del mito del viaje, diferente a la de las angustiosas emigraciones de la década de los 30, pero en el fondo complementaria. Dos fotos iguales que al mismo tiempo suman y se contrarrestan de manera imponente, simbólica, y sobre todo, desasosegante.

Dos fotos a las que quizá falte una tercera imagen, en una última, aterradora y paralizante versión del mito del viaje en su versión americana: la de la novela "La carretera", de Cormac Mcarthy. Pero eso, aún esta por ver.

De momento, el Metropolitan Museum de Nueva York acoge una exposición itinerante, que ya pasó por San Francisco y Washington, dedicada al 50 aniversario de la publicación de "The americans", y que estará visitable hasta el 3 de enero.

12 octubre 2009

Artículos favoritos y ganadores del concurso del cuarto aniversario de ¿Dónde está del depósito...?



Cuatro años y un día después del nacimiento de ¿Dónde está el depósito...?, y una vez finalizado el plazo de las votaciones, ya tenemos la selección de los artículos más votados por los lectores, y los preferidos por mí.

Aunque la participación con votos en el concurso ha sido bastante escasa, no han sido pocos los que se han animado, vía email, a mandar su apoyo y sus felicitaciones por este cuarto aniversario. A todos ellos, y a los que lo habéis hecho de viva voz, os doy las gracias porque, aunque no comentéis, sé que seguís leyendome, aunque sea de vez en cuando.

En cuanto a los artículos más votados, aqui van:



4º.- Lo retro en el automóvil actual: serie de seis artículos con una larga reflexión acerca de la influencia y evolución de la estética "retro" en el diseño actual de automóviles.



3º.- La Diosa y la Catedral: Una reseña del imprescindible artículo de Roland Barthes sobre el Citröen DS



2º.- Gran Torino: Canción triste de Highland Park: Análisis de la película de Clint Eastwood desde el punto de vista de la evolución histórica de Detroit y la industria del automóvil hasta nuestros días.



1º.- Banksy is innocent!: Una aproximación al papel de la imágen del automóvil en los grafitis del artista urbano más famoso del mundo.


Agradezco a todos los que habéis votado el haberos tomado la molestia, en primer lugar de leer los artículos, y en segundo, de pensar en ellos de manera que pudieseis elegir uno por encima de los demás. Tengo que decir que de estos cuatro hay alguno, como el de Gran Torino y el de Banksy, que me satisfacen particularmente (y no es que sea proclive a estar contento con el resultado final de mis trabajos). Por otro lado, la serie sobre "Lo retro" fue un ejercicio de reflexión propio, para aclarar mis ideas, pero me alegra que se aprecie su valor como artículo publicado.

Por mi parte, aunque todos los artículos me parece interesantes por una u otra razón, he decidido escoger estos cuatro, y explicar en cada caso por qué:


IV.- Coches de muestra. El automóvil en las exposiciones temporales de los museos de arte: Como, a pesar de todo, me queda una formación de historiador que condiciona la manera en la que me aproximo a los temas, creo que este articulo es un interesante apunte para cualquiera que quiera hacer un estado de la cuestión sobre un tema que afecta no sólo a la historia del automóvil, sino a la Museología, Museografía e Historia del Arte mismas.



III.- El arte en los anuncios de coches: De Giotto a Picasso: He escogido este artículo porque une de manera rotunda las dos materias que me impulsaron a iniciar este proyecto en relación con el automóvil; por un lado, la publicidad, y por otro lado, la expresión del automóvil mismo como presunta obra de arte. Además, también creo que es una interesante aproximación para estado de la cuestión.



II.- El fantasma de Sindelfingen: No es propiamente una gran pieza de investigación, pero la foto de David Douglas Duncan junto a Picasso en su Mercedes 300 SL Gullwing fue también en su momento un punto de apoyo para investigar otras relaciones entre el automóvil y el arte. Además, la serie de fotos de Duncan, y la historia de su "Black Torpedo", me parece un hermoso relato digno de una novela.



I.- Coches de otro mundo. Los automóviles en la serie "The Twilight Zone": Siempre es difícil escoger el mejor de algo, y en realidad esto es simplemente una elección coyuntural, que es así en este momento y puede ser distinta en otro. Pero este artículo, que es investigación histórico - cultural pura y dura, no sólo fue muy grato de escribir y creo que aportó cosas interesantes a nuestro proyecto sobre cine y automóvil, sino que es producto de un largo trayecto que ha ido desde Ray Bradbury hasta la historia de la cultura popular estadounidense de mediados de siglo, pasando por la televisión, el urbanismo, la sociología y hasta la economía. Este divertimento es uno de los artículos que más caminos posteriores me ha enseñado, y uno de los que más he disfrutado en escribir.



Así que aquí estan los ocho artículos más valorados en el cuarto aniversario de ¿Dónde está el depósito...?. A pesar de las escasa votaciones, sé que muchos estarán completamente de acuerdo, y de no ser así, en este mismo momento se abren las votaciones para hacer la lista de los cinco mejores de cara al quinto aniversario.



Y, cómo no, nos queda el resultado del concurso. Después de un sorteo sin la más minima garantía y del que no sólo no hay grabaciones sino que no hay testigos, el ganador de la camiseta en categoría masculina es Pablo Ayuso, y en categoría femenina, María Antonia Antoranz.

Los flamantes premios se os enviarán por correo, si así lo deseáis, u os podrán ser entregados en mano si las circunstancias lo favorecen y siempre a vuestro deseo. Eso sí, en la entrega en mano no podran estar ni Leonor Watling ni Pilar Rubio para daros la camiseta, ya que me comunicaron recientemente que las fechas de sus agendas se lo impiden completamente.

Muchas gracias a tod@s una vez más, gracias por vuestro apoyo, y espero que el día en el que este blog se haga mayor y se convierta en un hecho cultural de mayor calado, podamos reunirnos todos y celebrarlo en vivo.

* En la foto, una imagen del capítulo de Futurama, "La maldición del coche Lobo" en la que se puede apreciar que Fry viste una camiseta de ¿Dónde está el depósito...?

04 octubre 2009

¿Dónde está el depósito...? cumple cuatro añitos con nuevo logotipo. Elige el mejor artículo.



¿Dónde está el depósito...? celebra en esta semana su cuarto aniversario en la red. El blog, que fue abierto el día 5 de Octubre de 2005, tuvo su primer post publicado el día 11, del cual se cumplirán cuatro años el próximo domingo. Este magnífico viaje, del cual ha valido la pena hasta ahora cada minuto, me ha llevado a conocer personas que puedo hoy llamar amigos, a ampliar en mucho las expectativas iniciales que tenía sobre el campo del arte y el automóvil y, sobre todo, a aportarme mucho más a mí de lo que yo modestamente he aportado a la investigación en este tiempo.
Para todos los que habéis estado ahi desde el primer día, los que os habéis ido sumando, o cualquiera con quien mi camino se haya cruzado en cualquier momento para intercambiar información y experiencias, sólo tengo palabras de agradecimiento.
Y como no quiero que esto sea demasiado solemne ni que suene más a epitafio o elegía que a aniversario, celebraré esta semana del aniversario con unos unos cuantos guiños y gestos que comienzan por vosotros los que me leéis a menudo y los que me habéis leído en algún momento. Asi que, para esta semana, os propongo:
- Votad, en los comentarios de este mismo post, cuál es el artículo que más os ha gustado de los algo más de 150 que tiene actualmente ¿Dónde está el depósito...?. Al final de la semana, haré un ránking con los cuatro (en homenaje al cuarto aniversario) más votados por vosotros los lectores, y mis cuatro artículos favoritos.
- Aunque muchos ya lo hacéis en privado o incluso en vivo, me gustaría también que sugiráis temas para los próximos artículos de ¿Dónde está el depósito...?. Algunas sugerencias de lectores y de amigos ya se han convertido en artículos, y otras están en curso, pero quiero que en esta semana se abra especialmente el buzón para vuestras proposiciones, demandas, sugerencias o apuntes sobre temas que os gustaría ver tratados o enfocados de nuevo.
- Y como no hay aniversario sin sorteo, al final de la semana sortearé (sin notario, sino metiendo papelicos en mi sombrero de fieltro y sacando dos al azar) una camiseta de ¿Dónde está el depósito...? entre los que voten por los artículos y hagan propuestas para nuevos temas. Ojo, que hay una de chico y otra de chica en juego, asi que las lectoras también podrán llevarse su camiseta.
La prenda es un diseño de mi compañero y amigo Elmelgares, la que véis abajo, y que os enviaré a vuestras casas con mucho gusto.



Y para empezar la semana del aniversario con algo nuevo, también de la mano de Elmelgares os traigo una pequeña pero importante novedad al diseño del blog: la nueva cabecera hecha a mano y a medida para este blog como un traje de Armani. Desde hoy, estrenamos pues quinto año con nueva cabecera.
De manera que gracias a tod@s por todo vuestro apoyo, animaos a votar por los artículos que más os han gustado desde el los mismos inicios de este blog, y a proponer temas nuevos, y espero que el año que viene podamos celebrar el quinto aniversario por todo lo alto.
Y suerte con la camiseta. Ya me gustaría a mí poder sortear un viaje al Museo de Mercedes Benz en Stuttgart, pero la cosa no da para más ;-)

24 septiembre 2009

De Detroit a la Luna. La Carrera Espacial y el diseño de coches a mediados del siglo XX.


Hace ya algunos meses, al hablar de los exhuberantes shows desarrollados por GM y llamados "Motorama", pasamos rápidamente sobre un asunto que hoy, cuando hace apenas un par de meses que se han cumplido cuarenta años de la llegada de los astronautas estadounidenses a la luna, tiene un especial interés. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y con el inicio de la Guerra Fría, se fueron colocando los mimbres de lo que, desde mediados de los años cincuenta hasta finales de los sesenta, sería el tramo clave de la llamada "Carrera espacial". Paralelamente, entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la crisis del petróleo de 1973 la industria del automóvil transformó el vehículo del futuro en el vehículo del presente, haciéndo llegar al automóvil a todos los rincones del mundo. Asi que seguramente no es casualidad que en este periodo que los estadounidenses llaman "De plenitud" o "Dorado", dos de los iconos de la cultura americana se diesen la mano de algún modo, y la excitación por la carrera espacial y la aeronáutica se transmitiese al mundo del automóvil.





La unión, aunque sólo fuese conceptual, entre automóvil y aviación es en realidad muy anterior a este periodo. Desde los mismos inicios de ambas disciplinas han ido de la mano, y ambas pasaron pronto de la mirada compasiva de la sociedad ante sus alocados pioneros, a las más encendidas fantasías sobre el futuro a largo plazo. Y seguramente para todos ellos, sería terriblemente decepcionante que hoy, en 2009, los coches sigan yendo por el suelo. No sólo Le Corbusier, sino también Frank Lloyd Wright, por ejemplo, arquitectos con la cabeza sobre los hombros, creyeron en un mundo que se viviría sobre ruedas... y en cierto modo no se equivocaban, aunque con errores de apreciación de graves consecuencias.

En realidad, el conjunto de avances, logros e hitos técnicos que llamamos "carrera espacial" es un fenómeno que se desarrolló entre la sociedad de una manera mucho más rápida que la velocidad a la que los científicos y técnicos podían responder con hechos. Es decir, que desde la rápida evolución tecnológica sufrida entre la última década del siglo XIX y las dos primeras del siglo XX, especialmente en Estados Unidos, entre el gran público, pero especialmente entre algunas clases sociales, creció rápidamente la idea de que en un futuro próximo (finales del siglo XX), las ciudades serían muy diferentes, con artefactos voladores por todas partes, y el hombre habría colonizado la Luna y otros planetas. La exaltada elocuencia de los poetas del Futurismo (de cuyo manifiesto fundacional se han cumplido 100 años en este que acaba), no es sino una expresión extrema y revestida de planteamiento artístico de una idea más o menos extendida: que el futuro más lejano era más inmediato que nunca.

El nacimiento de la Ciencia Ficción, así como una sociedad estadounidense a caballo entre la desenfrenada excitación de un mundo urbano absolutamente asombroso, y la cruda realidad del interior del país, sumergido en un siglo XIX pertinaz que parecía no terminar nunca, contribuyeron decisivamente a que la especulación sobre el futuro inmediato creciese en la cultura popular.

De tal manera que de la convergencia entre la imaginación sobrealimentada por el progreso frenético sin costes ni límites aparentes, que la sociedad había desarrollado durante las décadas de los 20 y 30, y los primeros y torpes intentos de la aeronáutica por ir más allá de las meras fronteras del vuelo de corta distancia, surgió un escenario en el que, cuando los Estados Unidos y la URSS se lanzaron decicidamente a la carrera espacial durante los años 50, acabada la guerra mundial, la imaginación y el deseo de la sociedad de todo el mundo ya las estaban esperando. Películas de culto, como la mítica "Metrópolis" de Fritz Lang, estrenada en 1927, son un ejemplo de esta expectación.

Muy pronto se estableció una relación entre el automóvil y la ingeniería náutica y aeronáutica. Enseguida los ingenieros percibieron que unas formas menos angulosas y un perfil más suave en su resistencia al aire beneficiaban el rendimiento de los vehículos. Pero aún estaba por encontrar cuál era la manera más racional de conseguir que los coches fuesen similares a los aviones o barcos y submarinos en su eficiencia aerodinámica.

Aunque desde los modelos más primitivos, como el "Jamais Contente" el romperécords de Camille Jenatzy en 1899, la forma de "torpedo", había estado presente en el automovilismo, construír un coche con formas aerodinámicas y que sin embargo conservase las cualidades dinámicas y de habitabilidad necesarias, dentro de un tamaño contenido, no era tan fácil. Los diseñadores continuaron inspirándose en aviones y pájaros, desde el Alfa Ricotti de 1914, hasta el célebre Dymaxion de Buckminster Fuller. Pero el camino también fue recorrido en el sentido contrario, como en el Rumpler Tropfenwagen ("Gota") de 1921, diseñado por el austriaco Edmund Rumpler, fundador de la fábrica de aviones que llevaba su mismo nombre. Sin embargo, estos experimentos, como el propio Dymaxion, exploraban el camino en un sentido equivocado, hasta el punto de que los terribles problemas de estabilidad del coche de Buckminster Fuller causaron un grave accidente con muertos a uno de los prototipos, que contribuyó al declive del proyecto.

Pero no todo fueron intentos fallidos, y en los años 30, la tendencia "streamliner" (o aerodinámica) se había instalado entre los coches de producción, y si bien seguía habiendo experimentos excéntricos como el Phantom Corsair de 1938, modelos como el Chrysler Airflow (producido a partir de 1934) bundaron en la década, siempre exhibiendo sus ventajas y avanzado diseño en relación a otros medios de transporte aparentemente más evolucionados como, en este caso concreto, el tren, como se puede comprobar en esta foto. La década previa a la Segunda Guerra Mundial, despertó entre ingenieros y conductores un sentimiento de satisfacción en la magnífica evolución que los coches habían tenido desde la década anterior, y que tomaba el relevo de la era de la motorización masiva, la era del Ford T, con la nueva era de la Tecnología, la que iba a ser la década de los VW, o el mismo Citroën Traction de Flaminio Bertoni, el "Pato", primer vehículo de producción masiva con tracción en el eje delantero, con todo lo que eso implicaba en el diseño exterior e interior del coche. La década inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial y la tendencia "aerodinámica" en el diseño de automóviles, alcanzó niveles extraordinariamente bellos y proporcionados, como en algunos coches de competición considerados hoy iconos del diseño, como el Auto-Unión V16 "Streamliner", con el que Bernd Rosemeyer establecería algunos impresionantes récord de velocidad, o el hermosísimo Bugatti T57 Atlantic, uno de los coches más bellos jamás fabricados.

Tras la Segunda Guerra Mundial, buena parte de las tecnologías desarrolladas para la maquinaria bélica se incorporaron al mundo civil, y si en Europa la destrucción generalizada y la lenta reconstrucción alejó de las expectativas de la población las fantasías acerca de un futuro mejor, en Estados Unidos la brillante respuesta militar de la industria del automóvil, que trajo de la mano un impulso económico decisivo para abandonar la “Gran Depresión”, dio inicio a una era de despegue social y expectativas sociales ilimitadas. La industria del automóvil, reflotada por la militarización durante la guerra tras una década crítica, se erigió en gran motor económico del país, con un Detroit que alcanzaba su máxima expresión durante los años 50, como capital industrial y económica del país.



En 1949 el gobierno americano creó NASA, agencia destinada a la investigación aeroespacial, y que en dos décadas pasó de superar la barrera del sonido y desarrollar al máximo la tecnología de los aviones a reacción, a enviar una misión tripulada a la luna. Esta imponente evolución, en un país cuya expansión de su economía, influencia política mundial, y niveles de vida, parecían no conocer límites, quedó reflejada en todos sus aspectos, y especialmente en la actividad principal y emblemática de la nación: la producción de coches. En 1950, GM inauguró un nuevo y modernísimo centro tecnológico, diseñado por el arquitecto finlandés Eero Saarinen, en el cual se desarrollarían las investigaciones más ambiciosas de la marca, no sólo conforme a los coches de producción del momento, sino en cuanto a avanzar, y en lo posible acercar, los coches del futuro. Desde finales de los años 40 hasta finales de los 60, el departamento de diseño de GM, dirigido inicialmente por Harley Earl,(quien por cierto incorporó un equipo de mujeres al mismo) e instalado en el moderno centro tecnológico de Detroit, fue adquiriendo un desequilibrado balance entre la estética y tecnología futurista de los prototipos mostrados en sus multitudinarios “Motorama”, inspirada en los aviones a reacción y la carrera espacial, y las consecuencias, principalmente estéticas, en sus coches de producción, a los que las tecnologías. El GM Firebird, una especie de coche laboratorio de GM de cara a explorar e investigar en los vehículos del futuro, es el coche que condensó como ningún otro el abrazo entre la carrera espacial y la industria automovilística. La inspiración de Earl en las colas del Lockheed P-38 Lightning, un avión de combate americano durante la Segunda Guerra Mundial, había llegado a su extremo.

Sin embargo, el efecto sobre los consumidores fue el deseado. Los fabricantes americanos se lanzaron a desarrollar prototipos para un futuro inmediato, cuyo aspecto inmediatamente sugería que los coches de dos décadas después se iban a parecer más a los modernos aviones a reacción o a las naves espaciales de la pujante “Ciencia Ficción”, que a los vetustos cacharros previos a la guerra, incluidos los influidos por la tendencia “aerodinámica”. De esta manera, al diseño cotidiano se fueron incorporando cúpulas, grandes tomas de aire frontales, colas enormes como remate trasero recordando a los alerones de cola de las aeronaves, etc. Por otra parte, las experimentaciones, aunque excéntricas, con diferentes plantas motrices, incorporaron tecnologías heredadas de la aeronáutica, como en el prototipo de Chrysler con motor a turbina de reacción. Si bien la adaptación de estas plantas motrices alternativas a la estructura tradicional de los automóviles, particularmente a los trenes rodantes pensados para ser trenes motrices, causaba terribles problemas a nivel práctico y operativo, para muchos de los ingenieros, y para la opinión pública, excitada por los engolados y hasta extravagantes shows y promociones publicitarias de las marcas, los coches del futuro no sólo eran muy diferentes de los del pasado, sino que estaban a punto de llegar.





No obstante, el futuro era, lógicamente, para los fabricantes americanos, un lugar en clave estadounidense. Tras la Segunda Guerra Mundial, con el "sloanismo" desatado entre los fabricantes, era tan importante introducir cambios en los modelos año a año que la estética de los coches se tornó en los abigarrados adornos, cromados y contrastes de colores que hoy veneramos como crisol de lo "vintage". No obstante, Harley Earl mantuvo una relación fluída con Battista Pininfarina, con una sincera admiración mútua por sus diseños, lo cual demuestra que no sólo las ideas fluían a ambos lados del atlántico, sino que probablemente se intercambiaban y adaptaban a las características de cada mercado. Esto no es difícil de averiguar viendo algunos de los más estilizados Coupés de Earl, como el ya mítico Corvette de 1953.


Esta voluntad por la innovación no se limitó unicamente a lo estético, y de esta locura en el diseño surgieron algunos interesantes elementos que han llegado hasta los coches de nuestros días. Uno de ellos, es el parabrisas panorámico diseñado y patentado por Earl. Dado el importante aumento de la masa de los coches, una superficie acristalada no sólo daba a los mismos un aspecto más ligero visualmente, sino que los hacía más agradables de habitar, y los ponía en contacto inmediatamente con las carlingas de los aviones a reacción que habían inspirado, desde el inicio de esta tendencia, a los diseñadores americanos. Esta curvatura en el parabrisas, aletargada en el diseño mundial durante algunas décadas, es un antecesor directo de nuestras importantes superficies acristaladas en los coches de hoy en día, con lo cual no sólo diremos que había una pose futurista, sino un verdadero análisis posibilista de los coches del futuro que, en algunos casos, no iba desencaminado.

En los mismos años, el contrapunto a los modelos creados por Earl y su equipo fue el grupo de diseño de Chrysler dirigido por Virgil Exner, retomaba el trabajo que "Los Tres Mosqueteros" (Skelton, Zeder y Breer, los principales diseñadores de Chrysler antes de la Segunda Guerra Mundial, en plena "era aerodinámica"), y con el competiría honrosamente con el gigante GM y el tremendo equipo de Earl. En los años 50 y hasta 1963 aproximadamente, la competición entre estos dos grandes, y los atrevidos diseños de Ford, incluidos los fracasos como el Edsel, creó unos coches que se han convertido, a día de hoy, en una referencia cultural a nivel mundial.





De esta batalla, en la cultura estadounidense del automóvil, pero yo diría que en la cultura popular mundial, han quedado las imponentes "colas" que los coches de estos años desarrollaron. Esas grandes aletas que se elevaban desde los extremos traseros de los automóviles son, hoy en día, un elemento de identificación propio de una época añorada, como cuenta este magnífico artículo de The New York Times, en la que nada parecía conocer límites. La tendencia tan de moda afectó a Europa, con modelos tan conocidos como el célebre Mercedes Benz W110, llamado "Colas" en España (http://en.wikipedia.org/wiki/Mercedes-Benz_W110), o el Fiat / Seat 1500 .





Lo cierto es que esta influencia futurista que el mundo del automóvil transformó en un mensaje a los consumidores en forma de un futuro esplendoroso, se coló con rapidez en todas las manifestaciones culturales. Series de animación como "The Jetsons" (Los supersónicos), una especie de Picapiedra del Espacio creados por Hannah Barbera, traían al día a día ese futuro inmediato con una clase media rodeada de avances tecnológicos de los que los coches de su tiempo eran sólo un avance. Pero en cierto modo, no era algo que sonase extraño a la época, tan acostumbrada a especulaciónes acerca del futuro inmediato que prácticamente nada podía sonar demasiado extravagante o increíble, como demuestra el dibujo de la portada de este libro, un boceto de Harley Earl que bien pudo inspirar a los dibujantes de Hannah Barbera para el vehículo de sus Jetsons.



Como consecuencia, toda la década de los 50 y parte de los 60, todo el diseño y la cultura popular como su sustento, se vio afectado por esta fiebre y expectación futurista, incluído el apreciado diseño de interiores de esta década. Con su atrevimiento y su mezcla de estilo costumbrista y destellos futuristas es hoy en día un gran clásico, con empresas especializadas en su reproducción y referencia de cualquier intento de ambientación "vintage" en nuestros días. Y no sólo eso, sino que además en el propio diseño de automóviles, esta era dorada es un pivote sobre el que constantemente giran los diseñadores actuales, refiriéndose siempre a vehículos y "unidades de diseño" generadas en esa época, como ya sugería hace algún tiempo en este mismo blog en una larga serie de artículos titulados "Lo retro en el automóvil actual"


Sin embargo, la Guerra de Corea, la posterior de Vietnam, el asesinato de Kennedy y el desecanto de la ciudadanía más joven con el mundo que heredaban, fueron minando este delirante "sueño americano", hasta que la crisis del petróleo de 1973 le puso la tapa al ataúd. Sin embargo, en lo que a la fantasía espacial toca, y su influencia sobre la población, probablemente la llegada del hombre a la luna vino cuando ya no había nadie esperando. De ahi el eterno escepticismo en torno a la veracidad de la expedición. Lo cierto es que, en las mentes de los ciudadanos, la carrera espacial, ese frenético esprint por alcanzar el futuro que había llegado de la mano de la literatura, y había cruzado el mundo a caballo de los coches inspirados en las naves del futuro inmediato, toda esa fantasía, posiblemente había acabado un año antes con la presentación de un futuro mucho menos amable y en el que el protagonista no era un coche, sino un artilugio sin forma definida, llamado Ordenador. Con "2001, una odisea del espacio", en 1968, se abría una nueva era en cuanto a las expectativas puestas en el futuro, y estas iban a ser mucho más cautas e inquietantes.

HAL 9000, terminó por liquidar al Firebird...

Referencias:

* Sobre las "Colas" en los coches americanos de mediados de siglo XX:

Phil Patton, The Punctuation at the end of the fifties, The New York Times, 30 - 07 - 2009

** Sobre Harley Earl y el GM Design Center: http://www.carofthecentury.com/

*** Sobre Virgil Exner y el Chrysler Design Center: http://www.chrysler.com/design/vehicle_design/history/eras/index3.html

**** Galería de imágenes en The New York Times acerca de las "colas" en el diseño de los años 50:

http://www.nytimes.com/interactive/2009/08/02/automobiles/20090802-fins.html

Fotografías:

Wikipedia
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Fiat_1500L_63PS_1962_1.jpg
http://en.wikipedia.org/wiki/The_Jetsons

Car Of the Century (web homenaje a Harley Earl)

http://www.carofthecentury.com/

Nasa Images


http://www.nasaimages.org/

07 septiembre 2009

Nuevas noticias sobre Le Corbusier y el Voiture Minimum



Una cosa que Internet ha potenciado en la última década y media es la posibilidad de acceder a mucha nueva información en todo el mundo, con independencia de dónde se genere, tanto geográficamente como en el ámbito de la sociedad que la crea. Por eso, ¿Dónde está el depósito...? ha podido ser, desde su nacimiento, dentro de poco hará cuatro años, un lugar en el que bastante gente ha encontrado información, o bien ha encontrado pistas o enlaces que le han dado acceso a ella, y por otra parte muchos otros lectores han aportado mucha información nueva, en ocasiones corrigiendo errores del que esto escribe, que al final no hacen más que perfeccionar este pequeño artefacto intelectual en torno al arte y el automóvil.

Recientemente se produjo uno de estos felices encuentros, cuando el arquitecto Antonio Amado se puso en contacto conmigo para corregir y precisar algunos datos acerca del coche diseñado por Le Corbusier, el "Voiture Minimum", al que me refería en el artículo "Le Corbusier y el automóvil. Casas en serie, Partenón sobre ruedas". Gracias a estas precisiones, he tenido además el placer de conocer la noticia de que el mismo Antonio Amado está últimando una publicación dedicada monográficamente al coche de Le Corbusier.

"Voiture Minimum. Le Corbusier y el automóvil", escrito por Antonio Amado, será publicado próximamente en inglés por MIT Press, la editorial del Massachussets Institute of Technology, y esperamos, por supuesto, con muchas ganas, para poder leer una monografía tan interesante como oportuna.

Aquí tenéis el enlace al artículo con la actualización de Antonio Amado

En Terra

En Blogspot

23 agosto 2009

Continental Pop. Un Bentley decorado por Romero Britto para una subasta benéfica



¿Que tiene que ver el diseñador Romero Britto con la excéntrica Paris Hilton y un accidente de coche? Pues el nexo de unión entre ambos, es uno de los coches más hermosos y potentes de los últimos años, perteneciente a una mítica marca, Bentley. Nada menos que el Bentley Continental. Un indefenso Bentley Continental...

La vida que tienen los coches tras su nacimiento comercial me recuerda aquello que nos decía mi profesor Fernando Galtier acerca de los libros y artículos: que una vez que uno los ha publicado, tienen su propia vida al margen de nosotros. Con algunos coches parece suceder parecido. Desde el momento en el que echan a andar en su vida comercial, los planteamientos con los que los diseñadores los realizaron y para los que los técnicos de márketing lo prepararon de cara al mercado se van diluyendo, y adquieren su propia vida. El caso probablemente más célebre de lo que digo es el del VW Beetle, un coche diseñado por y para el ejército de Hitler que, después de la segunda guerra Mundial, se convirtió en un coche popular y masivo dentro de la reconstrucción económica alemana para, pocos años más tarde, en la década de los 50, dar el salto a Estados Unidos donde alcanzaría el cúlmen en su segunda vida como icono de la revolución contracultural y el movimiento Hippie de finales de los años 60. Incluso hoy en pleno capitalismo, y reencarnado en el New Beetle, el original VW es un objeto de deseo de una parte de la población esencialmente burguesa, vuelto a codificar en un papel que nada tiene que ver con los que jugó en décadas pasadas.

Supongo que quienes diseñaron el Bentley Continental sentirán de algún modo este curioso periplo del VW como algo suyo. Bentley es una de las marcas más míticas de la historia del automovilismo, con una leyenda forjada en Le Mans, cuyos parajes aún hoy bautizan a modelos como el Mulsanne, y con antecesores absolutamente inolvidables y únicos como el Blower. Uno puede desarrollar modelos con la máxima calidad y ser paradigma del lujo. Pero de repente un día, se cruza en la vida de un Bentley Continental un monstruo del papel couché y de las noticias de relleno como Paris Hilton, y el abolengo del coupé del emblema alado salta por los aires, pasando de mito a icono del pop más azucarado en menos que de cero a cien por hora.

Para quienes no conozcan la historia de Paris y los Bentley Continental, el relato es bien sencillo. La diva (o lo que sea) a la que todos los medios bailan el agua porque les rellena horas y horas y páginas y páginas, protagonizó un curioso incidente en 2005 en el que su novio de entonces (ni se ni me interesa si sigue siendo el mismo), conduciendo algo bebido, según decía la prensa del sector, chocó el Bentley Continental de ella contra un camión de reparto intentando ¿escapar? de unos paparazzi. Suceso celebrado por los medios más afines a estos personajes, y que se puede ver en Youtube. Años después, Paris, fascinada al parecer por el coche, o yo que sé, se decidió a encargarle a los muchachos de West Coast Customs (que les han hecho coches, entre otros, a Shaquille O'Neal o Kobe Bryant) una personalización a partir de otro Bentley Continental. El resultado, el famoso Bentley rosa de la muchacha, que es el producto de mezclar el dudoso estilo de unos customizadores de California con el gusto de una millonaria de gusto sospechoso y adicta a las televisiones... Pero que se convirtió rápidamente en uno de los coches más populares del momento.



Esta larga introducción no es más que una justificada descripción de todos los antecedentes previos que llevan a entender plenamente lo que supone que Romero Britto, un diseñador brasileño del que ya hablamos aqui en su momento, se decida a escoger un Bentley Continental para desarrollar otra de sus creaciones. En este caso, en el marco de una exposición en el VW Autoforum de Berlin, decoró el coche con sus motivos tan populares y coloristas, como ya había hecho en otras ocasiones con el Volvo V50 o el Audi RS4, que vimos aqui. El coche será subastado el 12 de Septiembre y los fondos obtenidos se destinarán a fines benéficos.



¿Por qué Britto entonces escoge el Bentley Continental? pues en mi opinión, por varias razones que no tienen que ver con el mundo del arte, aunque si en cierto modo con el de la cultura popular. Por un lado, la evidente: Bentley es una marca del grupo VW, y la exposición "Come to my World" está patrocinada por la marca y tiene lugar en su importante centro de Berlin. Pero por otro lado, las peripecias de este coche asociadas a la celebérrima y cargante Paris Hilton, han hecho que, como comentaba al principio, éste haya pasado ya a formar parte de la iconografía más Pop de nuestro tiempo. Britto había utilizado ya algún Bentley en los motivos para sus cuadros, quizá porque el arte Pop de nuestros días está más atado a la iconografía de lo banal y a símbolos bastante planos (lujo, diversión, inmediatez...) que lo estuvo el Pop de los cincuenta y sesenta. Pero el hecho es que Britto se atrevió con el Bentley y el resultado, cargado de brillantina, es una referencia en mi parecer clara al mundillo de brillantina de la excéntrica millonaria, cuyo propio Bentley rosa no está exento de buena dósis de brillos, piedras y excesos barrocos.

Britto es un artista pop cuyas obras son carne de éxito popular. Un estilo que vive una época dorada en su aplicación al diseño de objetos de consumo, como demuestra el furor de cualquier artículo de Tous, Hello Kitty, Jordi Labanda o Agatha Ruiz de la Prada. Claro que, para todos los bolsillos hay que ofrecer productos, y este Bentley es un capricho de lujo, pero genuinamente pop.

Eso sí, no nos extrañe que el Bentley de marras acabe en manos, también de Hilton. Y entonces el Continental de un paso más en su carrera en solitario en el mundo del colorín.

* El accidente de Paris y su novio chocando con el Bentley Continental de ella, en Youtube: